Telos en Telos

Telos en Telos

25 Noviembre, 2022

“El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado”.

Recuerdo tan claramente que en 2021 el sistema estaba ya obsoleto… Esa necesidad que teníais de utilizar mejor los recursos naturales, los problemas para encontrar un trabajo satisfactorio, y aquel reparto de la riqueza que os parecía inaceptable, ¿no? Una sociedad cada vez más escéptica sobre la política. Pero dime ¿qué estáis haciendo al respecto?

El relevo generacional entre los baby-boomers y los millennials no tardó en llegar. Se puede decir que fue en el 34, al coincidir dos fenómenos fundamentales: la implantación a gran escala de los primeros sistemas de democracia directa, basados en sistemas abiertos y blockchain, y el inicio del boicot fiscal que terminó consolidando las actuales estructuras.

Pero, claro, todo empezó mucho antes, en 1770. La revolución americana, seguida de la francesa, modificaron fundamentalmente el orden socio político. La frase que te puse al principio sobre el hombre libre que vive encadenado fue escrita por Rousseau en 1762. Entonces la gente decidió otorgar el poder político a unos Parlamentos constituidos por hombres elegidos libremente por todos (salvo esclavos y mujeres), y definir unas normas generales para regir las naciones, que llamaron Constituciones. Un hombre un voto.

Un hombre. un voto

Simultáneamente, la amplia adopción de una moderna tecnología energética, la máquina de vapor, generó un estamento nuevo, la burguesía, que pugnaba por expulsar del poder a las monarquías absolutistas y a la aristocracia. Al igual que las revoluciones sociales cambiaron la fórmula política, ésta, la industrial, definió un nuevo modelo de relaciones socioeconómicas, cimentando el alquiler de la capacidad de trabajo de los individuos. Estas revoluciones fueron causa y consecuencia unas de las otras. Cambios sociopolíticos y socioeconómicos coetáneos. Esto ocurrió mucho antes de tu época, y entonces las comunicaciones iban en diligencia.

El sistema que surgió de todo aquello, una combinación de capitalismo y democracia representativa, sirvió bien a las Sociedades, y generó un progreso muy sustancial durante un par de siglos. Estaba basado en la individualidad, el liderazgo, la eficiencia y la eficacia. Pero en 1981, aquel esquema comenzó su declive. Ese fue el año de la aparición de la informática social, cuyo disparador fue el ordenador personal. Un hombre, un ordenador. Esta potente visión desencadenó lo que en tu época llamasteis “transformación digital”. En solo medio siglo, esta onda alcanzó a modificar la mayoría de los comportamientos y creencias que aquellas revoluciones de los siglos XVIII y XIX habían consolidado. Internet en la palma de la mano generalizó un cambio en las ideas respecto al tiempo y el espacio, la confianza, la amistad, la opinión y el dinero, el consenso y el control o la audiencia, hasta el punto de modificar el propio contenido del trabajo, reemplazando con talento y motivación el anticuado enfoque de jornadas de 8 horas. Intelecto y voluntad frente a presencia. Ya en el 26 más de la mitad de los trabajadores de EEUU eran freelancers. Aquella transformación impactó paulatinamente en todas las actividades. Inicialmente en el retail, el entretenimiento, o las finanzas, y en el resto poco después. Pero no fue hasta el 30 cuando empezamos a percibir síntomas claros de que esta digitalización estaba alcanzando a la gobernanza de los grupos grandes de individuos, a la res-pública: la política, las leyes, la justicia, los impuestos, e incluso el propio concepto de nación.

Un hombre, un ordenador

El sistema actual, el de mi época, responde mucho mejor a las nociones de colectividad, de interés común, que han venido a sustituir al antiguo individualismo. Esos mundos despiertos de Stapledon, lo que algunos conocían como la Era de Acuario, y otros llamaron niveles elevados de consciencia. No digo, ni mucho menos, que el tránsito fuera fácil. Los políticos estaban demasiado presentes en la vida diaria de los años 20.

Hoy nos regimos por una democracia directa, que no pudo ni concebirse hasta que Internet substituyó al limitado sistema de comunicaciones anterior, multiplicando tanto su riqueza, como su velocidad y alcance. Reemplazando los viejos pasquines, mítines y programas electorales. Nos indujo a relegar definitivamente los simplistas conceptos de izquierda y derecha que cristalizaron con las revoluciones políticas de siglos anteriores, y, más transcendentalmente, eliminó la necesidad de representantes. En la sociedad de tu tiempo muy poca gente confiaba ya en estos últimos para traducir su voz. ¿Cuál de aquellos candidatos coincidía con todas tus opiniones? Resolvimos preguntarnos entre nosotros más frecuentemente, sobre más asuntos. Eso sí, de una manera ordenada, escuchando todas las voces y debatiendo sosegadamente a través de nuevas tecnologías. Descartando las ideologías que tanto nos habían ayudado hasta entonces, pero que se habían convertido en un lastre. Estas consultas populares atraían a aquellos individuos que se sentían más impactados por las decisiones a tomar, y los debates eran cada vez más transcendentes, aislando a aquellos que seguían guiones prestablecidos por sus ideologías o partidos. Las voces que proclamaban que la gente era inculta o malintencionada tuvieron que desdecirse. La digitalización facilitó la masiva aplicación de lo que se llama “wisdom of the crowd”, utilizando ciertas tecnologías para anonimizar las ideas y evitar indeseados liderazgos individuales. Llegó un punto en que la profesión de político se convirtió en anecdótica. No hace tanto tiempo de eso. La sociedad se autorregula ahora sin demasiado rozamiento, usando algoritmos sociales tanto para desarrollar las leyes, como para juzgar comportamientos individuales o societarios. Paralelamente, el poder ejecutivo se compone de gestores con experiencia, elegidos tras un proceso público de competencia, y sujetos al juicio sumarísimo de la gente. Internet y blockchain al servicio de la ciudadanía.

La sabiduría de la colectividad

La capacidad global de generación de recursos creció de tal forma que a nadie faltaban los medios de subsistencia, accediendo incluso a un nivel de confort superior al de las clases privilegiadas de unas décadas atrás. El trabajo continuado dejó de ser una necesidad para la mayoría de la gente, empleando los periódicos ahorros y la renta universal para vivir sobradamente. El sistema económico también comenzó a evolucionar, siendo la transformación digital y las criptomonedas los principales detonantes del cambio.

El generalizado rechazo del control del estado sobre el dinero y su uso, y unos sistemas impositivos igualmente obsoletos, nos han conducido a un nuevo enfoque. Tanto el conflicto entre el “Know Your Customer” y el anonimato proporcionado por los BTCs y ETHs, como la profunda desconfianza que generaron las monedas digitales nacionales (CBDC), han quedado resueltos. Un sistema de velo de identidad, casi obvio, similar al que se ha empleado desde tiempo inmemorial. El dueño de un monedero es anónimo salvo que se exija legal, razonable y transparentemente lo contrario. Nada muy difícil usando Smart Contracts. A cambio de ello, implantamos la exigencia de un registro de uso del dinero. Deja que te explique la razón, que tiene que ver con los impuestos.

Durante la década de los ‘30s, la gente empezó a comprender, nuevamente, el verdadero significado del dinero. Tú quieres una de las tazas que yo fabrico, pero yo ahora no necesito la leche que produces. Bien, me das una “prueba de deuda” conmigo, y te entrego la taza. Algún día te pediré algo a cambio. Si la “prueba de deuda” utilizada es aceptada por más gente, se convierte en dinero. El dinero no es más que una representación de un favor, de un servicio, de un producto que yo generé con mi esfuerzo y disfrutó otro miembro de la comunidad. La Sociedad en su conjunto es deudora de un servicio o producto equivalente en valor a quien tiene el dinero en posesión.

El verdadero significado del dinero

Nadie, por rico que sea, puede consumir bienes que no hayan sido generados por otro o que la naturaleza nos haya ofrecido. La cuestión es, en realidad, cómo se reparten estos productos y servicios. Si alguien rico consume poco, en el fondo está siendo condescendiente con los demás. La sociedad le debe mucho, independientemente de cómo lo obtuvo. Bien pensado, nos está haciendo un favor a todos mientras no nos exija algo a cambio de su dinero. Por el contrario, si alguien, pobre o rico, utiliza muchos de los recursos disponibles, nos está pidiendo a todos un esfuerzo adicional, y por ello debería recibir el peso de los impuestos. Por tanto, la tributación más justa es aquella que grava el gasto, no el ahorro, ni siquiera los ingresos. Da igual si ese ahorro tiene forma de efectivo, de acciones o de renta fija. Esta modalidad de tributación sobre el gasto, que logró adeptos entre algunos economistas teóricos de mediados del siglo XX, no era factible entonces. Era imposible identificar cada gasto realizado por cada individuo. Por el contrario, era bastante más fácil identificar los ingresos y el ahorro. Pero la digitalización y blockchain permitieron llevar un registro de todos los gastos de una persona, y exigirle una tributación acorde a su gasto, independientemente de sus ahorros o ingresos, además de evitar desvelar su identidad. La migración a esta modalidad sigue ocurriendo hoy rápidamente en todo el mundo.

Impuesto sobre el gasto

La sociedad ha cambiado radicalmente, como ves, aunque no he podido explicarte en este mensaje todo lo que me hubiera gustado. La fortuna ha querido ofrecerme esta oportunidad de dirigirme a ti a través del tiempo.

Mi nombre es Telos Chronopoulus. A raíz de que publicaras este mensaje, muchos Chronopoulus empezaron a llamar Telos a sus hijos. Sin embargo, nunca pude encontrar un Telos Chronopoulus nacido antes que yo, por lo que todo este tiempo he creído que el mensaje tenía que ser mío. Aunque bien podría yo haber muerto antes de este preciso instante de 2048, en el que esta anomalía espacio-temporal nos ha puesto en contacto a través de una retorcida videoconferencia mezclada con mi metaverso.

Lo que más me inquieta es reparar en que tengo la obligación de copiar literalmente este mensaje, que diste a conocer en el 22. Es imperativo que sea exacto para que sea fiel a la Historia.

Y esto me hace reflexionar. Si no he redactado yo este mensaje, si simplemente lo he transcrito en este chat, entonces ¿quién lo ha ideado?

Un grandísimo abrazo.

Artículo publicado en la Revista Telos de la Fundación Telefónica, número 119, Abril de 2022