En la vida de las empresas hay momentos en los que conviene diversificar, acometiendo nuevos proyectos para dar cobertura a necesidades que los clientes tienen deficientemente cubiertas.
Contemplar geografías o segmentos nuevos. O incluso ensayar innovadoras fórmulas de negocio. Es posible que la organización necesite un apoyo específico para gestionar este nuevo proyecto. Yo ya he pasado por ahí.
Otro de los procesos clásicos de crecimiento es a través de adquisiciones. Monitorizar el mercado para encontrar buenos targets, hacer un concienzudo análisis de la compañía para evitar sorpresas, y negociar unos términos que satisfagan a ambas partes, y no sólo en el plano económico, no es nada sencillo.
No hay mejor cliente que uno que ya lo es. El esfuerzo necesario para conseguir un nuevo cliente es varias veces superior al de mantener satisfecho a uno que ya está contigo. Y a veces las empresas olvidan esto, lo veo todos los días.
El cuarto mecanismo para crecer constituye una simbiosis maravillosa. Los canales de distribución, ya sea la venta directa o indirecta, bien de productos de consumo o súper técnicos, permiten perfeccionar el momento de la verdad en un proceso en que todos ganan.
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