El mundo está cambiando. El tiempo del “todo vale” ha quedado atrás. La sociedad, los clientes, son cada vez más conscientes del “cómo”. Son exigentes y su exigencia va en aumento.
La rentabilidad, la calidad, la disponibilidad son imprescindibles. Pero si se hace produciendo un impacto negativo en la sociedad o en la naturaleza, el coste puede ser enorme. Te recuerdo los casos de Enron, Pescanova, o Lehman. O las situaciones creadas por el Exxon Valdez o por Volkswagen. El protocolo de Kioto, las varianzas del clima, el comercio justo, el correcto uso del agua y tantos otros temas están en la agenda de los consumidores y de la sociedad. Y cada vez más altos en la lista. Es evidente que supone un mayor esfuerzo, y que los clientes miran siempre el precio, pero no es menos cierto que una buena ESG (Environmental, Social, Governance), interiorizada y bien comunicada llega a muchos consumidores y empresas. Los criterios de ESG pueden convertirse en una ventaja competitiva.
Los estándares de gobierno corporativo afectan a todas las empresas, independientemente de su tamaño. Y cada vez están más presentes en la regulación. Un consejo con independientes es una buena fórmula para asegurarse de hacerlo bien. Un buen gobierno corporativo aumenta la invertibilidad, el atractivo de tu empresa para los fondos, los prestamistas y los bancos, y mejora la percepción de tus colaboradores, de los accionistas, los proveedores y también de la Administración y los reguladores.
Por todo ello, este ha de ser un tema presente en la gestión y la administración de las empresas, especialmente cuando tienen un impacto relevante en la sociedad.
Obtuve el Certificado y el Diploma para consejeros profesionales del Instituto de Consejeros-Administradores, y soy o he sido miembro de IoD, ICGN, DIRSE y del IC-A. He sido instructor de consejeros en el IESE y en el Instituto de Consejeros. He estado en consejos de asministración cuatro décadas, y he vivido múltiples situaciones.
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